El Barbecho
Mi formación inicial fue en la ingeniería agronómica, y allí aprendí un concepto relevante del campo que explica mejor que cualquier manual lo que pasa después de un gran cambio de vida.
Cuando un suelo se ha cultivado intensamente por años, se deja en barbecho: un tiempo en que no se siembra ni se cosecha. Visto desde el camino, parece un campo botado. Pero por debajo está pasando de todo: el sol desinfecta, las malezas mueren, el suelo recupera humedad y nutrientes. El barbecho no es tierra muerta — es tierra preparándose. Sin él, la próxima siembra nace débil.
Después de una jubilación, una desvinculación, la venta de una empresa o la partida de los hijos, viene un período que es exactamente eso: días sin forma, la pregunta "¿y ahora quién soy?" dando vueltas. Nuestra cultura lo trata como un problema a resolver rápido — y por eso tanta gente siembra apurada en suelo agotado: el negocio armado a la semana del finiquito, la agenda llena para no sentir. Yo lo trabajo al revés: ese período es la fase fértil, si se transita con método y no a ciegas.
A eso me dedico: acompañar barbechos. Con estructura, con preguntas serias, y con la honestidad de decirte si lo que necesitas es otra cosa.
Una conversación seria para mirar tu situación con método: qué está trabado, qué pregunta hay debajo, y si este trabajo te puede servir. Si de ahí sale que puedo ayudarte, te lo diré; y si lo que necesitas es otra cosa, también te lo diré con la misma honestidad.
Las tres puertas
Ahora imagina algo. Imagina que en medio del barbecho de tu vida te encuentras con tres puertas. No son puertas del futuro — son un espejo: muestran cómo ha sido tu vida hasta hoy.
La puerta de lo que has APORTADO. El trabajo, los esfuerzos, la familia que levantaste, los logros — y también los intentos que no resultaron, que igual son aporte. Toda una vida dando.
La puerta de lo que has RECIBIDO. Lo que la vida te dio y tú te permitiste disfrutar: los afectos, los momentos, lo que no se compra. Para muchos de nosotros —los formados en el rigor— esta puerta tiene poco tránsito: aprendimos a dar, y recibir nos cuesta.
La puerta de la ACTITUD. La manera de pararte frente a lo que no elegiste y no puedes cambiar: la salud, las pérdidas, el tiempo. Es la única puerta que nadie puede cerrarte desde afuera.
Las tres están siempre disponibles, a cualquier edad. La pregunta no es cuál elegir — es otra, más honesta: mirando tu vida entera, ¿por cuál de las tres has transitado menos? ¿Estuviste siempre volcado a aportar? ¿Te permitiste recibir? ¿O la actitud se te fue cerrando frente a lo que la vida te puso delante?
Porque el barbecho sirve justamente para eso: para descubrir cuál puerta te está esperando. Y lo que se siembra después del barbecho, se siembra del otro lado de esa puerta.


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